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La orquídea, esa planta capaz de camuflarse para sobrevivir

La orquídea, esa planta capaz de camuflarse para sobrevivir

 

Las que mejor se disfrazan


¿Cómo puede una planta esquivar a sus depredadores? ¿Y qué pueden hacer aquellas flores que no cuentan con polen para atraer a abejas, avispas y otros insectos?

La evolución ha ayudado a diferentes especies vegetales a buscarse la vida para sobrevivir, ser fecundada o extender sus dominios.

Las orquídeas son las maestras más populares del camuflaje. Varias de ellas imitan en sus formas a otros insectos, tal como revelan sus nombres: orquídea abeja (Ophrys apifera) o la orquídea mosca (Ophrys insectifera). Sus formas y colores son, a ojos de otros insectos, igual a sus semejantes, y la flor aprovecha la eclosión de millones de machos con ganas de fecundar para atraerlos.

Es lo que se conoce como una pseudo cópula: el insecto se zambulle en el interior de la orquídea pensando que es una hermosa hembra, y a los pocos segundos emprende el vuelo frustrado por el engaño.

Otras orquídeas no se dedican a imitar a insectos, sino a otras flores. Por ejemplo, la Cephalanthera rubra, que no cuenta con néctar para atraer a las abejas solitarias de las especies Chelostoma fuliginosum y Chelostoma campannularim, adquieren la misma forma pero distinto color que las flores del género Campanula.

Entonces ¿por qué estos insectos entran en la flor engañados? Porque las abejas no distinguen los tonos de rojo, y tanto la Campanula como la Cephalanthera rubra les parecen idénticas.

Pero no todo es fecundar en esta vida, otras especies vegetales se quedan conformes con sobrevivir y evitar que los depredadores arrasen con sus hojas y tallos. Para ello, la evolución les ha llevado a adoptar formas de un fondo inanimado, como la textura del suelo o las rocas.

Sin posibilidades de huir, con su destino fijado a sus raíces, diversas plantas imitan a insectos para ser fecundadas o a piedras para evitar morir por sus depredadores.